VIOLENCIA DE GÉNERO. ¿SE ESTÁ HACIENDO LO QUE SE PUEDE? ¿POLÍTICAS PÚBLICAS APLICADAS SUFICIENTES?

En este análisis, no se hará alusión a nombres, ni tampoco se abordarán casos particulares, por respeto a las victimas secundarias, o sea la familia, pareja y núcleo cercano de la víctima primaria.

La violencia de género existe en cualquier parte del mundo, y es una delitología dominada por el delincuente varón con resultado final de la  victimología femenina. Su foco proviene, en la mayor parte de los casos, de una relación afectiva, anterior o actual, con el maltratador.

No obstante, no hay que olvidar que muchas veces los niños también son víctimas mortales de estos crímenes y no se le debe denominar de violencia de género, pero sí de violencia doméstica, ya que el maltrato ocurre en el seno familiar, no solo hacía la mujer, pero contra personas vulnerables como son los ancianos, niños, discapacitados, e incluso, hombres. Aunque al ser menor la incidencia de estos casos, mediáticamente solemos escuchar el término de violencia de género.

La violencia de género es una problemática que afecta a varios países, a pesar de que los países que disponen de escasos recursos económicos y están culturalmente menos evolucionados, poseen índices bastante superiores de esta delitología en comparación con países de la Unión Europea o de Australasia.

Las mujeres siguen siendo un grupo de riesgo, pese a que todos los acontecimientos sociopolíticos que ocurrieron a lo largo de los siglos, lograron conseguirles derechos hoy día considerados fundamentales por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como por ejemplo, el derecho de sufragio universal, el derecho de igualdad laboral en determinados puestos de jerarquías superiores, aunque eso sigue siendo un tema que todavía no está solucionado en países de primer mundo, junto con el derecho al aborto, o el derecho a la no mutilación genital. Sin embargo, según datos de la ONU, esta última sigue permitiéndose en aproximadamente 30 países del mundo.

Existen varias formas de violencia hacia la mujer, pero la que siempre llama más la atención, justamente por el impacto visual que provoca, es la física. Empero, otros tipos de violencia como la psicológica, social o económica, no deben ser subestimadas, pues el daño es igualmente importante, a pesar de que difícilmente letal, al contrario del primer tipo mencionado.

Hay hombres que siguen desvalorizando la mujer como ser humano, persona, ser independiente. Menosprecian su existencia, las consideran inferiores, y quitan importancia a su condición. Prueba de ello son las formas intimidatorias con las que muchos se dirigen a una mujer cuando sienten rechazo, la obsesión que crean hacía ellas, ya que su cerebro no concibe que una mujer le diga NO.

Otros disfrutan en hacer daño, y se sienten superiores, dominantes, viendo como la mujer cada vez se vuelve más pequeña; van anulando su forma de ser, su manera de relacionarse con el medio envolvente, destruyendo la confianza que tiene en sí misma, su autoestima o la capacidad volitiva y razonamiento crítico.

Por otro lado, hay aquellos que sienten necesidades fisiológicas anómalas, como de “cazar” o “abusar sexualmente”, utilizando medios de agresión irracionales, análogos a ciertas conductas del mundo animal como si se tratara de una necesidad primaria, por ejemplo la sed.

Hay comportamientos humanos que solo tienen esta denominación, por la constitución física que aparentan, pues su conducta es injustificable ante la crítica social. Según esta, estos comportamientos humanos tienen que ser condenados de forma unánime y sin excepciones; el sentimiento prevalece sobre la razón y la capacidad de juzgar de forma objetiva.

Por otro lado, de acuerdo con el parecer experto en el ámbito, cada caso se debe analizar de forma personalizada, valorando otros indicadores más allá de las condiciones ambientales y sociales en las cuales el individuo se desarrolló desde su infancia y lo hace a día de hoy con su familia, grupo de iguales, pareja y compañeros de clase/trabajo.

Se debe tener en cuenta la herencia genética, los rasgos psicológicos que pueden incluir determinados trastornos de personalidad o patologías psiquiátricas, y su interacción social en distintos entornos.

Muchas religiones y culturas, demuestran y practican costumbres y creencias que ponen a la mujer en un segundo, o incluso en un último plano. Ejemplo de ello, son las esposas de los insurgentes radicales del DAESH, que son usadas para procrear y traer más “cachorros al califato”.

También son utilizadas como esclavas sexuales de los combatientes del DAESH, hecho conocido por organizaciones mundiales, que vino a la luz principalmente en la guerra de Iraq y Siria.

A todos nos suenan casos de violencia extrema y barbaries a sangre fría de otros que se esconden detrás de una organización criminal para ejercer su cobardía radical asesina contra la mujer, como recientemente pasó en un país del Magreb.

Hasta la fecha actual, no se puede trazar un perfil de maltratador de ninguna índole; este tipo de crimen puede cometerlo cualquier individuo, de cualquier estrato social, de cualquier edad, etnia o raza, independientemente de la religión, educación o medio en el que se desarrolla el delincuente.

Muchas personas están totalmente integradas en la sociedad, y durante toda una vida, demuestran un comportamiento “aparentemente normal”, y de repente aparecen en la portada de periódicos por asesinar a su pareja o ex pareja.  A veces matan a sus propios hijos o ahijados, o son capaces de ejercer una crueldad imperceptible para la mayoría de los ciudadanos, aniquilando a los descendientes comunes con la víctima, con el único móvil de dañar a la misma.

No es correcto afirmar que la violencia es una cuestión de género, pero se puede interpretar que es un tema de involución humana, teniendo en cuenta, que asimismo se sigue quitando importancia a esta delitología que afecta a tantas mujeres en el mundo entero. Pero, parece que el tema económico siempre influye, y podría ser una explicación para que delitos como la trata de blancas, en el cual de nuevo la víctima predominante es la mujer, no estén en el top 10 de los “delincuentes más buscados”; esto genera en la sociedad una sensación agridulce, ya que de cara a la galería los gobiernos sí que parecen estar sensibilizados y que les preocupa esta problemática social, además está tipificada como delito en los distintos códigos penales cualquier acción de violencia física o psicológica que pueda vulnerar los derechos de la mujer o menoscabar su integridad. Sin embargo, la realidad es otra, y parece que sigue sin ser un tema prioritario para los gobernadores del mundo.

Pensamos que la muerte es la última fase de la violencia, y se continua alcanzando ese estado, y poco cambia a posteriori. Entonces, ¿qué más se puede hacer cuando el bien jurídico protegido más importante que es la vida, carece de protección social?

 

Por Virgília Pires

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