EL “ASESINO EN SERIE DE BARCELONA”, “¿MATAMENDIGOS II?»

Debido a la situación que actualmente vivimos con el coronavirus, en el pasado día 20 de enero la Policía Nacional arrestó en Zaragoza a Thiago Lages Fernandes por su supuesta situación de irregularidad en España; el individuo es procedente de Portugal, aunque nativo de Brasil y tiene 35 años; Mendigaba por las calles de Barcelona y se habría establecido recientemente en una caravana en Les Planes, Sant Cugat (provincia de Barcelona). Aunque lo han liberado y no fue hasta el día 30 de abril que entró en prisión preventiva por los crímenes que se le atribuye.

En principio, parecen haber indicios suficientes para inculparle como mínimo de 3 asesinatos, aunque no se descarta que pueda haber más, al menos dos.

Sus víctimas son mendigos y de acuerdo con los datos disponibles se sabe que al menos dos de sus víctimas fueron asesinadas en días distintos. El individuo las buscaba en un radio de aproximadamente 10 km y han sido atacadas en el barrio del Eixample.

Estamos ante el delito de asesinato y no de homicidio, pues existe la agravante de alevosía en la comisión de los hechos: delito contra las personas y el victimario tiene la intención de la conducta delictiva, los otros dos requisitos más complejos de probar sería que el sujeto activo minimiza los riesgos circunstanciales para asegurar el éxito del delito y la víctima estaría en un estado de indefensión en el momento que fue atacada por el agresor. No obstante, solo el hecho de situación de extrema vulnerabilidad que está un sintecho por no poder protegerse en un espacio físico cerrado ya sería una circunstancia suficiente en este último supuesto. Además, la investigación conducida por los Mossos d’Esquadra parece indicar que las víctimas podrían estar dormidas en el momento de los hechos.

Asimismo, también se cumpliría la agravante de enseñamiento, teniendo en cuenta el sufrimiento físico causado a la víctima antes de su muerte; el modus operandi del individuo para matar a sus víctimas fue supuestamente mediante el uso de una barra de hierro, un palo, golpeando de forma frenética sus cabezas, y también se encontró un cuchillo.

Las armas utilizadas fueron abandonadas en el lugar de los hechos al lado de sus víctimas.

Actualmente se están analizando las huellas de los instrumentos utilizados para cometer los asesinatos y también la sangre presente en algunas prendas y una gorra encontradas en la caravana del presunto asesino.

Parece que el individuo habrá tenido otras conductas delictivas de vandalismo denunciada por los vecinos de Sant Cugat.

Los crímenes fueron ejecutados en los días 16 y 19 de abril, aunque todavía se desconoce datos de otras supuestas víctimas.

 

EL ASESINO EN SERIE

Para un asesino en serie, los supuestos de intención y premeditación van normalmente implícitos en sus acciones dolosas.

Por la perfilación del supuesto asesino que estamos tratando en lo que se refiere a su modus operandi, víctimas y estilo de vida, podemos inclinarnos a pensar que se podía tratar de un psicópata secundario.

Este tipo de psicopatía se caracteriza por la búsqueda continua de sensaciones, insatisfacción con su vida demostrando permanentemente una conducta irritable, extremadamente vulnerable al estrés e inconformidad consigo mismo y su vida; sus tormentas emocionales incontrolables en la mayor parte de los casos son el resultado de un proceso de socialización primaria fracasado.

Su incapacidad de desarrollar vínculos afectivos duraderos y reales con otras personas es muy usual, junto con la despreocupación por seguir normas sociales y leyes, conducta impulsiva y ausencia de culpabilidad/remordimientos son características que suelen ser comunes en la mayoría de los tipos de psicopatía.

La inteligencia es un indicador bastante común en un asesino en serie y su capacidad de seducir a las víctimas también. De ahí que se necesite un estudio profundizado de la personalidad del individuo valorando los factores biológicos, de personalidad y los antecedentes para que se pueda tener un informe objetivo antes de emitir un dictamen.

En este caso, sería prematuro e irresponsable afirmar la perfilación criminal del individuo en cuestión con los pocos datos disponibles. Simplemente se hace referencia a una posible interpretación psicosocial del conjunto de datos y rasgos del individuo, así como de la descripción de sus hechos delictivos y circunstancias.

 

“EL MATAMENDIGOS” DE MADRID

Este perfil de víctimas no es una novedad en España. En 1993 fue detenido un asesino en serie en Madrid que aterrizó a la ciudad con sus 11 crímenes; sus víctimas eran indigentes tanto hombres como mujeres, y a estas últimas las violaba después de muertas, y a los varones les destrozaba la cabeza y mutilaba sus genitales.

El asesino alegaba “escuchar voces desde dentro” que le incitaban a matar. Relatando uno de sus crímenes, comenta que después de romper la cabeza de un mendigo y quemarlo se fue a dormir plácidamente a su coche. Lo que demuestra ausencia de remordimientos e indiferencia hacia lo sucedido.

Francisco García Escalero, nació en 1954 y vivió la mayor parte de su vida en el barrio de las Ventas, Ciudad Lineal.

Sus padres eran trabajadores muy humildes y relatan ciertos comportamientos que ya podían predecir una conducta socialmente desviada del individuo desde niño. Francisco pasaba gran parte de su tiempo libre en el cementerio. También demostraba sufrir de manía persecutoria, tenía tendencias suicidas autoinfligiéndose golpes y cortes. No obstante, es importante referir que este sufría malos tratos físicos por parte de su padre desde pequeño.

Francisco, siempre buscó la soledad y no le gustaba relacionarse con los demás.

Su carrera delictiva empezó cuando era pequeño con robos, lo que lo llevó a un reformatorio.

Ya en la cárcel, coleccionaba animales muertos en su celda. Sin embargo, siempre destacó por ser un preso tranquilo con muy buen comportamiento.

Francisco empezó a cometer sus asesinatos a los 30 años, y parece ser que los cometía bajo los efectos de pastillas y alcohol.

Sus crímenes eran cometidos en cualquier lugar, aunque prefería lugares religiosos; su obsesión por la necrofilia evidenciaba su mente perturbada en sus relaciones afectivo-sexuales.

Llama la atención la falta de credibilidad que le dieron los cuerpos policiales cuando Francisco intentó confesar sus asesinatos y su necesidad innata para matar, actuando con total impunidad durante 5 años. No fue hasta que ingresó en el Hospital Ramón y Cajal y contó a las enfermeras que había asesinado a un compañero del hospital psiquiátrico que finalmente lo arrestaron.

A pesar de que finalmente solo se pudo culpabilizar a Francisco por 11 crímenes, todo indica que habrá cometido hasta 15 asesinatos.

El diagnóstico realizado por los expertos fue de esquizofrenia, alcoholismo crónico, manía depresiva y necrofilia. Lo que, sin duda, fue favorable a su inimputabilidad por “enajenado mental”, a pesar de que quedó probado su culpabilidad en 11 asesinatos, una agresión sexual y un rapto.

En 2014 el asesino murió atragantado por el hueso de una ciruela donde cumplía su condena en el centro psiquiátrico de Fontcalent en Alicante.

 

ASESINO POR IMITACIÓN, COPYCAT

No deja de llamar la atención la similitud del caso del asesino de Barcelona con el caso del asesino madrileño de indigentes en el tipo de víctimas elegida, aunque las personalidades por ahora no se saben si podían compartir o no rasgos.

Muchos asesinos tienen una admiración por otro asesino, llegando a copiar sus asesinatos para lograr cierto “reconocimiento”, “admiración” por parte de su “ídolo”/“mentor”, y a veces les gusta el propio protagonismo que pueden tener en la prensa y en la población.

En este caso, por ahora no parece que sea un caso de imitación, pero aún no hay datos suficientes para corroborarlo.

También hay otro caso de un asesino brasileño, de la misma nacionalidad de Thiago Lages Fernandes, y que curiosamente también comparten el mismo nombre, Thiago Henrique Gomes da Rocha. Sin embargo, este encajaría más con el perfil del psicópata carismático por su enorme encanto y su gran capacidad de manipulación, habiendo sido apodado como el “guapo”.

Muchas de sus víctimas también eran mendigos y quedó probado que asesinó a 39 personas.

Thiago Gomes, también expresó siempre su “necesidad de matar” de la misma forma que le ocurría a Francisco García Escalero; en su celda habrá intentado suicidarse. No obstante, se desconoce si esa era su verdadera intención o simplemente lo hacía para llamar la atención por poder padecer de algún trastorno de personalidad.

 

Por Virgília Pires

Criminóloga

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