¿SE PODÍA PREVER LA ERUPCIÓN DEL VOLCÁN DE LA PALMA?

Son varios los alertas que existen y de diferente índole, que nos permiten anticiparnos ante determinados riesgos, entre ellos las catástrofes naturales.

Una de las especialidades de la Inteligencia es la mitigación de riesgos. Para ello, se recurre a la utilización de determinadas fuentes especializadas, realizadas por diferentes organizaciones que nos permiten consultar de manera actualizada, algunos eventos que se dan en diferentes zonas geográficas y estratégicas.

Cuando hablamos de zonas estratégicas, nos referimos a que existen áreas que pueden tener cierto interés para el destinatario. Tanto porque su negocio se expande a esa zona concreta, como porque puede acudir a una reunión/viaje allí o pretende producir determinado producto, siendo imprescindible conocer las características del subsuelo, lo que motiva conocer la geografía y morfología del terreno, en lo que se refiere a la ciencia que analiza la composición y naturaleza de este, la denominada Edafología.

La importancia de las alertas tempranas en los Estados, permite que podamos hacer un análisis prospectivo de determinados riesgos que pueden surgir, anticipándonos a la naturaleza siempre y cuando nos sea posible, aunque como se sabe, eso no siempre es posible. No obstante, si utilizamos de forma efectiva los recursos disponibles, son varias las crisis humanitarias y desastres mundiales que podemos predecir.

Otras ciencias como la meteorología o la sismología también disponen de fuentes especializadas, a las cuales podemos acceder como analistas de Inteligencia para consultar la información y/o datos disponibles, muchos de ellos a tiempo real. Sin embargo, no siempre existe información fiable y fácilmente disponible en ámbito nacional, y cuando hay se encuentra clasificada en los centros propios de la materia, mayoritariamente pertenecientes al gobierno.

La existencia de un Plan de Prevención para catástrofes y desastres naturales como los volcanes, debe y existe en la mayoría de los países, aunque no siempre cuenta con la diversidad necesaria de expertos para que se pueda actuar con cierta anticipación cuando existe un peligro eminente.

Debido a que este fenómeno es muy poco frecuente en España, puede que no se esté preparado en lo que se refiere a recursos de I+D para poder operar con cierta rapidez y de forma preventiva.

Satélites como el DSCOVR, ideado por la NASA, tiene la capacidad de identificar los gases expulsados por los volcanes.

Los vulcanólogos reclaman la necesidad de disponer de medios como satélites de las mismas características que DSCOVR, pues permitiría la inmediatez de la información para poder estudiar estos fenómenos, ya que las actuales cámaras ultravioleta que se encuentran en órbita, se alejan mucho de la frecuencia con que estos pueden captar imágenes.

Estados Unidos parece monopolizar la investigación geológica. Otra de sus metodologías se centra en el estudio del interior de la montaña, analizando todo el recurrido de la roca fundida.

En España existen diferentes estaciones que monitorean los potenciales riesgos en base a un análisis regular de la actividad geológica, tales como el Instituto Geográfico Nacional y concretamente el Instituto Volcanológico de Canarias, Involcan.

A raíz de la erupción volcánica de 1985 en Colombia, la cual alastró una lengua de barro en un pueblo de 50000 habitantes, que las Naciones Unidas creó el programa “Década para la Mitigación de los Desastres Naturales 1990-2000” con la finalidad de promover la investigación científica en esta temática, incitando a los gobiernos a destinar más presupuestos a la predicción de catástrofes naturales, y posterior divulgación ciudadana.

El método del semáforo volcánico, se utiliza como modelo para saber cómo actuar en determinada situación, aprovechando la facilidad de interpretación para cualquier receptor del mensaje.

Los sistemas de vigilancia volcánica se miden a través de la observación directa por los movimientos sentidos de la tierra, ciertos olores o nubes de humos, entre otros, e instrumentalmente, mediante la actividad sísmica, la deformación y movimiento de las placas tectónicas, la emisión de gases y temperaturas anómalas.

Los sismógrafos o sismómetros son esenciales para medir la intensidad de terremotos u inestabilidad de la tierra. También los acelerómetros también se utilizan en la medición del impacto de las ondas y oscilaciones sísmicas.

En la Inteligencia de Señales, conocida como SIGINT (Signals Intelligence), se destaca la Electromagnetic Intelligence, ELINT, que permite detectar la presencia de objetos o superficies, su geolocalización y movimiento a distancia, a través de las ondas electromagnéticas, y la Telemetry Intelligence, TELINT, la cual captura imágenes, medidas y determinadas radiaciones en la superficie y también en el espacio, mediante imágenes ópticas.

Este segundo sistema de detección de señales es el que actualmente se está desarrollando como se refirió anteriormente. A pesar de que todavía queda mucho por invertir en Europa en este sistema y otros, que a lo mejor podían prevenir con un mayor rango de tiempo desastres naturales como es el caso del volcán de Cumbre Vieja en El Paso, archipiélago canario.

Virgília Pires

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