COVID-19, YIHADISMO Y ARMAS BIOLÓGICAS

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El coronavirus (COVID-19) aquello que en un principio fue catalogado como suceso local en China y posteriormente como una gripe un poco más fuerte ha explotado a nivel mundial, hasta tal punto que se ha decretado Pandemia por la OMS. Pero este acontecimiento y las noticias relacionadas con las cuarentenas y medidas sanitarias ordenadas en todo el mundo también han llegado a los grupos extremistas y terroristas.

Todos los extremismos de derecha e izquierda tienen la intención de sembrar la desconfianza en los gobiernos de todo el mundo y aprovecharlo en su beneficio. Han respondido con múltiples mensajes tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda, así como de grupos terroristas yihadistas. Algunos puntos destacados incluyen:

1.-Un segmento de extremistas de derecha ha tomado “Promover el pánico” como una estrategia blanca “aceleradora” para erradicar a las minorías, los judíos y otros enemigos raciales.

2.-Los anarquistas de izquierda han creado un nuevo sitio web “La peste y el fuego”, cuya base de los temas y el contenido indica una clara intención de incitar a los disturbios civiles y provocar la ira por las restricciones establecidas para aplanar la curva del coronavirus.

3.-Varias organizaciones islamistas radicales también están respondiendo al impacto del virus. Los talibanes reflejan la situación al distribuir una declaración de que el Coronavirus es el resultado de la ira divina y que la “amenaza” debe enfrentarse con medidas de acuerdo con las enseñanzas islámicas como rezar y estudiar el Corán. Además, los talibanes están permitiendo que los trabajadores humanitarios pasen por sus áreas de control a pesar de que el Pacto de Doha que acababa con el conflicto en Afganistán ha saltado por los aires[1].

A su vez grupos yihadistas conectados con Al Qaeda y hasta el propio DAESH han utilizado sus canales de comunicación para mandar directrices de actuación a sus seguidores para ofrecer una respuesta doctrinal a la situación actual y por otro lado indicaciones para la movilidad de sus activos y no ser detectados por las fuerzas de seguridad. Para los grupos yihadistas, esta pandemia es un castigo contra el mal absoluto encarnado en los ateos, apostatas y los cruzados[2]. Sin embargo, sin entrar en si el Covid-19 puede haber sido un “arma biológica” escapado de algún laboratorio de tratamiento o introducido en China por un tercero, y con respecto a las armas de destrucción masiva solo los Estados-Nación en principio han tenido la capacidad y los recursos para desarrollar y mantener armas de destrucción masiva (ADM) que según la Publicación Conjunta del Departamento de Defensa de EE. UU.  se define como armas o dispositivos químicos, biológicos, radiológicos y nucleares (QBRN) capaces de un alto orden de destrucción y/o causar bajas masivas.

Dejando a un lado las armas nucleares y radiológicas, tenemos dentro de las armas de destrucción masivas a las químicas y biológicas que han sido catalogadas como “las armas nucleares de los pobres” y que por tanto pueden ser mas accesibles por cualquier grupo terroristas como así ha ocurrido.

Este paradigma (solo podían ser desarrolladas armas de destrucción masivas por los Estados) fue el resultado de pensar en el importante capital, infraestructura y capacidad intelectual necesarios para desarrollar y mantener un programa de armas de destrucción masiva. No obstante, estas barreras de entrada se han desintegrado en las últimas décadas. Una muestra de ello lo representa el ataque con sarín de 1995 en el metro de Tokio. El alto número y continuo de ataques terroristas junto con la democratización de la tecnología científica y el uso comprobado de armas químicas por el Estado Islámico en los últimos años entre otros grupos indican un nuevo paradigma.

Desde 2014 hasta 2017, un total de 76 armas químicas (mostaza de cloro y azufre) fueron utilizados en ataques en Irak y Siria[3]. Asimismo, en junio de 2018, un yihadista tunecino fue arrestado en Alemania para hacer ricina[4].

Indicadores como el empleo y el desarrollo de ADM a nivel mundial apuntan a que el terrorista (a nivel individual) y las organizaciones intentarán aumentar su esfera de influencia y poder a través del desarrollo y posesión de armas de destrucción masiva. Esta opinión ha sido expresada  por Nicholas Rasmussen[5], ex director del  Centro Nacional  de lucha contra el terrorismo en enero de 2018 cuando dijo: “Una de las consecuencias negativas significativas del conflicto en Irak y Siria ha sido que ha sido un laboratorio de juegos para el ISIS y otras organizaciones extremistas para participar en los esfuerzos para refinar su capacidad de usar productos químicos, toxinas, otros materiales que tendrían un efecto químico o tóxico en el campo de batalla. Si lo están haciendo en el campo de batalla, y [lo han hecho] con algún efecto … es razonable suponer que lo harían tome ese conocimiento e intenten aplicarlo a su agenda de terrorismo”.

Las cartas de ántrax de 2001 enviadas en los Estados Unidos y el uso de armas químicas por parte del ISIS, ilustran el umbral decreciente para que las organizaciones terroristas usen armas de destrucción masiva.

Entre 1996 y 2016 hubo 525 incidentes de ADM (18 nucleares, 107 biológicos y 400 químicos), 4 debido a la falta de conocimiento técnico y habilidad requerida para crear dispositivos de dispersión radiológica.

Por hacer un breve recordatorio histórico diremos que ya en la antigua Grecia en la guerra entre Atenas y Esparta se utilizó dióxido de azufre; otras fuentes indican que en 1346 los tártaros catapultaban cadáveres infectados contra las fortificaciones romanas o en la Batalla de Ypres en la I.G.M. y la aparición del gas mostaza.

La ONU con respecto a las armas biológicas las definen como “Sistemas complejos que diseminan enfermedades que causan que organismos o toxinas dañen o maten humanos, animales o plantas. Generalmente constan de dos partes: un agente armado y un mecanismo de entrega”[6].

A pesar de la prohibición de estas armas en 1972 y posteriormente en 1993, basta revisar los datos más actuales de su utilización, nos hace dudar de si realmente las dejarán de hacer en el futuro, a pesar de estar ratificados por más de 180 países.

En un articulo de 2014 en el CTC Sentinel, “The biohacker A threat to National Security”, identifico 5 posibles estrategias para la manipulación de patógenos biológicos:

“Lobo con piel de oveja”, “Caballo de Troya” “Spoof”, “Fake Left” y “Roid Rage”.

Como se explica en el artículo: “Un lobo con piel de oveja”se produce cuando un organismo biológico o toxina se modifica a través de ingeniería genética para que pueda expresarse de forma activa, pero no presente la gravedad de este. En un “Caballo de Troya”, un biohacker mantiene el epítopo de un agente no amenazante, aunque rediseña el componente activo de la toxina para aumentar la amenaza biológica sin aumentar la detectabilidad. La parodia ocurre cuando un agente benigno se modifica para expresar epítopos distintivos de una toxina conocida con el fin de desencadenar una respuesta protectora innecesaria por las autoridades sanitarias (el gobierno local, estatal o federal), mientras que la parte que realiza la entrega, el biohacker, puede permanecer sin gravámenes. La “Fake Left” es un medio para modificar mediante selección o genética y se diseña a través del método de transmisión de un organismo. Por ejemplo, uno que normalmente pasa de un estado fluido a un método aerotransportado. Dicha modificación facilita la dispersión de un agente entre una población objetivo.  Por último, la estrategia “Rabia de Roid” tiene como objetivo potenciar los efectos de un virus común que en verdad es un virus mortal, como expresar secuencias de ARN como pasó en el caso del virus del Ébola o de la gripe común; una persona infectada demostraría síntomas de la gripe, obstaculizando una temprana detección y tratamiento del ébola y favoreciendo resultados mortales”.[7]

Resumiendo, y para finalizar, determinar el riesgo asociado con un terrorista que emplea una ADM depende de varios factores: experiencia técnica, disponibilidad de materiales, capacidad de entrega y voluntad política, solo por nombrar algunos.

Además de un ataque terrorista convencional, las armas nucleares, biológicas y químicas tienen su propio riesgo asociado. Sería ese gran “cisne negro” y la culminación de la barbarie de cualquier grupo terrorista.

Las nuevas tecnologías emergentes como la biología sintética, la fabricación aditiva, y los sistemas aéreos no tripulados progresan de forma exponencial en los próximos años por lo que es importante reevaluar constantemente su impacto en la capacidad de desarrollar una ADM. Mientras que las armas nucleares continuarán estando limitadas por la necesidad de cantidades significativas de material nuclear especial, el control existente sobre ellas, las barreras para prevenir y controlar el desarrollo de armas químicas y biológicas y el empleo se están reduciendo.

Se hace necesaria más que nunca y lo estamos observando con la crisis del Covid-19 una Inteligencia Médica o Sanitaria que prevea el momento anterior, el propio atentado y el momento posterior al ataque.

Ojalá se aprenda de estos terribles momentos que estamos pasando donde los servicios sanitarios están desbordados tanto por la escasez de medios como por actuaciones menos acertadas en el tiempo. Y también en la forma por las autoridades nacionales e internacionales para evitar que se repitan, ya que sin duda grupos terroristas de cualquier signo y bandera lo van a intentar.

[1]https://www.laverdad.es/internacional/pacto-doha-revienta-20200329192011-ntrc.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.bing.com%2Fsearch%3Fq%3Dtalibanes+y+el+coronavirus

[2]https://blog.realinstitutoelcano.org/crisis-del-coronavirus-la-pandemia-segun-los-yihadistas/

[3]Columb Strack, “The Evolution of the Islamic State’s Chemical Weapons Efforts,” CTC Sentinel 10:9 (2017).

[4]David Brennan, “Jihadist made Ricin with Web-bought Castor Beans Seeds, Police Say,” Newsweek, June 14, 2018.

[5]http://nicolasrasmussen.com/

[6]“What are Biological and Toxin Weapons,” United Nations Office at Geneva website.

[7]  John Wikswo, Stephen Hummel, and Vito Quaranta, “The Biohacker: A Threat to National Security,” CTC Sentinel 7:1 (2014).

 

Por Carmelo Aguilera

Experto en Terrorismo Yihadista

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