DOMINGO SANGRIENTO (BLOODY SUNDAY)

Hasta hace unos cuantos días, al hacer referencia a Domingo sangriento, nos venía a la mente los trágicos sucesos acaecidos en Derry (Irlanda del Norte) el 30 de enero de 1972 con la triste cifra de 14 fallecidos por disparos de soldados del Primer Batallón de paracaidistas del ejército británico en medio de una manifestación a favor de los derechos civiles.

Tales hechos dieron lugar a la famosa canción del grupo irlandés U2 “Sunday bloody Sunday”.

Pero ese triste calificativo cambió de fecha y de lugar sin duda este pasado Domingo de Resurrección.

Este 21 de abril de 2019, se produjeron una serie de atentados suicidas contra iglesias y hoteles de lujo en distintas poblaciones de Sri Lanka dejando un catastrófico y aterrador saldo de 321 fallecidos y más de 500 heridos (aunque la cifra todavía no está cerrada).

¿Qué nos puede indicar este atentado?

Los ataques suicidas del 21 de abril en Sri Lanka, que fueron reivindicados por el DAESH pueden indicar que el grupo militante se está moviendo hacia el Este en busca de un terreno de reclutamiento fértil, según algunos observadores. En palabras de Rukmini Callimachi y Eric Schmitt del New York Times, los ataques “recordaron al mundo de manera dramática que el DAESH no necesita controlar el territorio para ser una amenaza importante”. De hecho, dado que la pérdida de su territorio del Medio Oriente ha obligado al DAESH a descentralizarse, el grupo ha comenzado a recurrir a sus afiliados periféricos. Estos “se volverán más peligrosos” a medida que el núcleo del grupo insurgente se debilita, según Callimachi y Schmitt.
No obstante, este atentado también puede demostrar que el DAESH se está moviendo más hacia el este en busca de un territorio para conquistar nuevos grupos de combatientes comprometidos para incorporarse en sus filas. De ello se desprende que Sri Lanka es uno de los varios países del este de Asia que enfrentan grandes amenazas por parte del grupo, ya que este último intenta “encender el miedo en las sociedades que ya luchan contra tanta división”, dice Ash Gallagher, corresponsal de guerra estadounidense con sede en Asia Oriental.

Al escribir para el periódico británico The Independent, Gallagher señala que no solo el DAESH ya está establecido en Afganistán (donde ha “tragado unidades enteras de combatientes talibanes”, según The Times), sino que se está volviendo cada vez más poderoso en Filipinas. Los expertos han estado advirtiendo durante un tiempo que el número de combatientes extranjeros del DAESH que ingresan a Filipinas ha aumentado, y el impulso que generan entre los grupos islamistas radicales locales puede llevarlos a declarar un nuevo califato en un futuro próximo. De hecho, un califato fue declarado allí en mayo de 2017 por líderes islamistas locales que previamente habían declarado su lealtad al DAESH.

En octubre, las fuerzas gubernamentales habían derrotado a la llamada “Wilayah de Asia Oriental”, una auto declarada provincia del DAESH en el extranjero, recuperando Marawi, la capital de la provincia de Lanao del Sur de Mindanao, de los rebeldes. La operación militar se conoció como “la batalla de Marawi” y se cree que fue la batalla urbana más larga en la historia de la posguerra de Filipinas. Más de 1200 personas murieron en la batalla que duró cinco meses, la mayoría de ellos civiles.

El Secretario de Estado de Defensa de Sri Lanka afirmó en rueda de prensa que este atentado es respuesta a la masacre ejecutada en dos mezquitas en Nueva Zelanda el pasado 15 de marzo, donde un supremacista blanco asesinó a 50 personas, dejando heridas a otras tantas que se encontraban rezando en 2 mezquitas (Al Noor y Linwood)  en la ciudad de Christchurch y por el cual se detuvieron a 4 personas. Este acto fue retrasmitido en directo en Facebook mediante la cámara que llevaba el terrorista acoplada a su equipo de asalto.

Este atentado ha dado lugar al cambio de legislación sobre armas en ese país entre otras reformas legales.

 

CONCLUSIÓN:

Para aquellos que ya daban por vencido a DAESH, tras sus derrotas militares en Siria o Irak, este pasado domingo 21 de abril les ha mostrado lo equivocados que estaban.

A ello hay que sumar la reaparición de su líder, el califa Abu Baker al-Bagdadi tras 5 años de total ausencia mediática, en un mensaje de video en el que entre otras cosas habla de la situación en Argelia y Sudán, además de reivindicar el atentado de Sri Lanka en respuesta a la caída de Baghuz, su último bastión en Siria.

Esta aparición en un momento de caída de la moral de sus seguidores, elevará las aspiraciones de estos, tanto a sus grupos que han jurado fidelidad al grupo como a individuos solitarios a realizar acciones contra los infieles y los cruzados.

Pretenderá obtener de nuevo terreno bajo su dominio en la zona del sudeste asiático, sin olvidar “pescar en ríos revueltos” de zonas como el Magreb por la delicada situación de Argelia, Túnez o el enorme estado fallido que es Libia para extender de nuevo el manto de su proclamado “Califato”. Todo ello sin olvidar objetivos clásicos como Irak, Afganistán o la zona del Sahel.

Asimismo, puede suponer una nueva pugna con Al- Qaeda en la lucha por el liderazgo del movimiento Yihadista Global.

A todo esto, hay que sumarle atentados puntuales de cualquiera de las 2 facciones en Europa y Occidente con alta carga mediática, como hubiera podido ser los atentados frustrados en Sevilla esta pasada Semana Santa realizados por individuos o pequeñas células terroristas.

Sin duda, nos encontramos en lo que David Rapoport en 2001 denominó como “la 4 ola” o etapas del terrorismo: oleada RELIGIOSA, en la que bajo la excusa de la religión desde los años 70 con la invasión soviética de Afganistán, se han cometido infinidad de atentados tanto por extremistas musulmanes, como judíos o supremacistas blancos.

Por ello hay que hacer una gran labor de concienciación de las sociedades tanto de países occidentales, pero también de países musulmanes en el fenómeno de la contra narrativa de estos grupos terroristas violentos. En los primeros hay que explicar, enseñar que no todo musulmán es un terrorista, aunque las comunidades musulmanas en países occidentales deben condenar de forma tajante cualquier acto terrorista bajo el amparo religioso. En los países musulmanes por su parte hay que enseñar que el “no musulmán” no tiene que ser enemigo para no dar excusas al reclutamiento de nuevos miembros en las filas de los grupos terroristas en pro de extender el manto del islam por todo el mundo bajo el régimen de la Sharía.

En definitiva, es evitar que se produzca la acción-reacción, si es que queremos acabar con este fenómeno entre todos.

Y sin duda habrá que estar muy atentos a la actividad yihadista en las próximas fechas con el Ramadán, ya que con la experiencia de años anteriores pueden ser días de terror y sangre.

La lucha será larga y no hay que bajar la guardia por parte de las fuerzas del orden, servicios de inteligencia y fuerzas armadas, tanto dentro de nuestras fronteras como en países lejanos tanto con acciones militares y policiales como también de formación de las autoridades locales (Policías, Ejército). Y  también realizando acciones de educación, creando estructuras nacionales que impidan la creación de Estados fallidos en la zona que puedan ser campo abonado para el establecimiento de grupos terroristas o de individuos que quieran engrosar las listas de estas organizaciones.

Y por supuesto ¡¡RENDIRSE JAMÁS!!

 

Por Carmelo Aguilera

 

 

 

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